Grados de dependencia del adulto mayor, ¿cómo son y cómo lidiar con ello?

Los cuidadores de adultos mayores desempeñan una labor que es tanto noble como desafiante. Y es que las atenciones que requieren pueden variar de un caso a otro.

No es lo mismo asistir a un adulto únicamente para acompañarlo a alguna visita médica, en comparación con tener que bañarlo, vestirlo o ayudarle a comer.

Toda esa gama de atenciones que requiere esta población ha tenido que ser clasificada para ser mejor entendida y atendida por cada vez mejores cuidadores y equipo médico. Esto se relaciona con los llamados ‘grados de dependencia’.

Lo que entendemos por dependencia

Conforme la edad avanza, algunas personas comienzan a requerir determinadas atenciones para el mejor desempeño de sus actividades. Esto puede aumentar si de por medio existe algún padecimiento crónico o discapacitante.

La dependencia es conocida como la necesidad de ayuda o asistencia para realizar actividades de la vida cotidiana.

Es importante mencionar que la dependencia no tiene que ver con la edad, pues surge como consecuencia de la pérdida de la autonomía, ya sea física, intelectual, sensorial o mixta.

De hecho, definir esta palabra también es útil a nivel gubernamental y médico, pues puede ayudar a crear políticas públicas e iniciativas de salud que beneficien a los adultos y sus cuidadores.

Tipos de dependencia

  • Dependencia económica: Ocurre cuando el adulto deja de trabajar y, al ya no ser proveedor, se convierte en dependiente.
  • Dependencia funcional: Se refiere a las capacidades físicas para realizar actividades de la vida cotidiana, como acostarse, levantarse, vestirse, usar el baño, comer o caminar.
  • Dependencia mental: Tiene que ver con las capacidades cognitivas de la persona, como al resolver problemas comunes o tomar decisiones.
  • Dependencia psicológica: Se relaciona con la parte afectiva y conductual de la persona.
  • Dependencia sensorial: Puede ocurrir cuando uno o varios de los sentidos se han alterado, como la vista o el oído.
  • Dependencia social: Ocurre cuando los adultos no tienen con quién hablar o no suelen convivir la mayor parte del tiempo.
  • Dependencia mixta: Es una combinación de las dependencias anteriores.

Para medirlo, los expertos se basan en algunas de las siguientes pruebas rápidas:

Índice o escala de Barthel

Es un test que mide la capacidad de la persona para realizar 10 actividades básicas, como comer, desplazarse, bañarse, subir y bajar escaleras, vestirse, y tener control de heces y orina.

Índice o Escala de Lawton

Puede ayudar a detectar las primeras señales de deterioro en una persona mayor, en aspectos como al usar el teléfono, hacer compras, preparar comida, lavar ropa o tomar el transporte público.

Índice de Pfeiffer

Mide el deterioro cognitivo. Consiste en 10 preguntas sobre cultura general y ubicación en tiempo y espacio, que van desde ‘¿Cuál es la fecha de hoy?’ hasta ‘¿En qué lugar estamos?’.

Índice minimental

Sirve para detectar alguna posible demencia en un adulto mayor, mediante pruebas de memoria, cálculo matemático, nombres de objetos, lectura, escritura y hasta dibujo.

Grados de dependencia y cómo hacerles frente

Grado I. Dependencia moderada

Ocurre cuando la persona dependiente (en este caso, el adulto mayor) requiere de asistencia para realizar ciertas actividades de la vida diaria, aunque de manera intermitente o limitada.

¿Cómo hacerle frente? Informarse. Es momento de seguir enseñando al adulto a resolver cosas por sí mismo, involucrarlo en su proceso de cuidado, permitirle tomar decisiones, apoyarse en algún experto en salud mental para trabajar el duelo por la pérdida de su autonomía, y saber qué tipo de trato desea recibir en caso de que su condición de salud empeore.

Grado II: Dependencia severa

En este caso, el adulto mayor necesita ayuda para realizar gran parte de las actividades de la vida diaria ya sea dos o tres veces al día. Sin embargo, no requiere de la presencia permanente de algún cuidador.

¿Cómo hacerle frente? Potencializar las herramientas que aún tiene y no sobreprotegerlo. Con las debidas precauciones, el adulto puede hacer más cosas de las que quizá él mismo cree. Permitirle la mayor independencia posible le dará seguridad y confianza.

Grado III: Gran dependencia

Se da cuando la persona dependiente necesita la mayor ayuda posible para realizar gran parte de las actividades básicas de la vida diaria varias veces al día. Quizá para entonces ya presente pérdida total de su autonomía mental o física y necesite la presencia total de otra persona.

¿Cómo hacerle frente? Se requiere de un trabajo en equipo que involucre a cuidadores, familiares y personal médico. Los involucrados necesitan repartirse las tareas, así como turnos para hacerse cargo del adulto. El cuidador principal bien puede capacitar a otros para que lo cubran y así también se puedan equilibrar las responsabilidades.

Lo que necesita el adulto mayor dependiente 

Sin duda, los grados de dependencia permiten acercarse cada vez más a lo que los adultos mayores necesitan no sólo de sus cuidadores, sino también del equipo médico, fisioterapeutas, familia y sociedad en general.

Más allá del grado de dependencia, todas las personas involucradas en el proceso requieren de un descanso pleno y compensador. Por eso es tan importante que además del paciente, el cuidador también pueda tener una óptima calidad de vida. 

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Abraham Monterrosas Vigueras

Psicólogo clinico y periodista digital enfocado en temas de desarrollo humano, estilo de vida, tendencias y bienestar