Cuidado de pacientes agresivos, ¿cuál es el límite a tolerar y qué puedes hacer?

Todo en la vida tiene un límite. Y sólo quien se hace cargo de una persona con algún deterioro cognitivo, como Alzheimer o demencia senil, sabe lo que ocurre cuando su paciente pierde los estribos.

¿Qué pasa cuando los cuidadores trabajan con pacientes agresivos? Es importante saber comportarse ante eso e identificar las señales de alerta.

¿Por qué los ancianos se vuelven agresivos?

Para empezar, los pacientes con demencia tienen las mismas necesidades que cualquier otra persona. Sin embargo, debido a su enfermedad, no son capaces de reconocerlas ni saben cómo satisfacerlas o hacérselas saber a los demás.

La agresividad en ancianos puede deberse a algunas enfermedades relacionadas con el deterioro cognitivo

 

  • Demencia senil: Afecta no sólo la memoria, sino otras funciones cerebrales y la capacidad para realizar actividades de la vida cotidiana. Una persona con demencia puede tener problemas en su sentido de orientación, para recordar nombres de personas, suelen extraviar cosas y hay alteración del comportamiento.
  • Alzheimer: Forma parte de la demencia y afecta aspectos como la memoria, el pensamiento y hasta la personalidad del paciente. En las etapas avanzadas, incluso existen problemas para cuidar de sí mismo. Una persona con Alzheimer tiene problemas para tareas sociales o de trabajo, aprender nuevas cosas, ir al baño, dormir y actividades como comer y hablar.

 

Síntomas de agresividad por Alzheimer

El enfermo de Alzheimer pasa por tres etapas, y es justo en la segunda de ellas cuando la conducta agresiva comienza a manifestarse:

  1. Etapa leve: El paciente suele tener una leve pérdida de memoria y pequeños cambios en su personalidad. Pueden olvidar eventos recientes o los nombres de personas o cosas conocidas, así como dificultad para hacer planes y organizarse (por ejemplo, al hacer una lista de compras y surtir los artículos en una tienda).
  2. Etapa moderada: El paciente tiene problemas para seguir instrucciones y puede necesitar ayuda para vestirse o ir al baño. Quizá se vuelva más inquieto y repita movimientos, así como cambios de personalidad más serios.
  3. Etapa severa: Es la última etapa y es cuando el paciente necesita ayuda con todas sus necesidades cotidianas. Quizá para entonces ya ni siquiera pueda caminar, hablar o comer.

Como puede verse, una demencia como el Alzheimer puede afectar diversas áreas del cerebro. De ahí que algunas personas puedan tener problemas para pensar, recordar, resolver problemas o tener ciertas conductas violentas.

Algunos síntomas de agresividad pueden ser

  • Amenazar.
  • Acusar a otros (por ejemplo, de robo).
  • Decir groserías.
  • Patear, golpear o morder a personas cercanas.
  • Ofender a seres queridos.
  • Gritar o agarrar cosas.
  • No poder controlar sus emociones o sentirse poco respetado.
  • Mostrar apatía hacia actividades que antes le gustaban.
  • Perder ciertas inhibiciones.
  • Despreocuparse por los sentimientos de otros.

Cerca de 20% de los pacientes con demencia que viven en casa presentan conductas agresivas, pero aumenta a 50% en quienes se encuentran en algún centro de asistencia.

 

¿Cómo calmar a una persona agresiva?

  1. No te enganches. Es la regla de oro para estos casos. Justo por eso te compartimos al principio que este tipo de padecimientos se caracterizan por alterar el comportamiento de las personas a un nivel mental. Por eso, alguien que durante toda la vida fue muy tranquilo y pacífico puede convertirse en alguien grosero y agresivo.
  2. No lo culpes. La enfermedad es la que le está generando todos estos cambios y no dependen de la persona. Más allá de las actitudes que tenga, recuerda siempre: No es personal. No tiene nada que ver contigo. Es parte de SU padecimiento. Es un trastorno cerebral.
  1. Evitar las discusiones. Argumentar con el paciente sobre el tema puede resultar un proceso largo y desgastante del que quizá no se obtenga mucho. Quizá pueda comprenderte durante la etapa leve, pero claramente es algo que irá empeorando.
  2. Hacer a un lado enfrentamientos y gritos. Hay que evitar hacer que el problema sea aún más grande. No hay que responder un grito con otro grito, pues eso sólo elevaría la ansiedad del paciente.

Recuerda: la persona que sí tiene el control sobre su comportamiento eres tú.

  1. Mantener la calma. Siempre es necesario dirigirse a la persona de un modo respetuoso y en un tono amable. La cordura siempre debe venir de ti, así que mantén un constante contacto visual y una distancia prudente para evitar invadir su espacio. Evita siempre la confrontación.
  2. Identifica los detonantes. Muchos de los problemas tendrán que ver con la enfermedad en sí misma, pero claramente habrá otros que sean 100% evitables. Pueden ser tan sencillos como alguna hora del día, determinada prenda, una persona en específico, la temperatura o determinados ruidos. Cuantos menos detonantes, mejor. Esto puede servir para identificar límites.
  3. Tomarse un tiempo fuera. Estos pacientes suelen olvidar cosas. Y por extraño que parezca, podrías utilizar eso para evitar una conducta agresiva. Si notas que la persona comienza a presentar un comportamiento de este tipo, quizá puedas retirarte y volver en algunos minutos. Puede ser que, pasado ese tiempo, el paciente haya olvidado por qué estaba molesto. Sólo hay que tener la precaución de no dejarlo en un lugar donde estén objetos con los que pueda lastimarse.
  4. Redirigir la atención. Nadie como tú conoces a tu paciente. Es decir, sabes qué le gusta y cuáles son sus aficiones. Enfoca su atención en ello.

Si el paciente presenta alguna conducta agresiva, tal vez sirva cambiar el foco de atención y centrarse en temas que sean de su interés.

  1. Continuar los cuidados establecidos. En la medida de lo posible, es necesario seguir con rutinas claras (como las horas de comer y bañarse), implicar al paciente en todo lo que aún pueda hacer por sí mismo y comunicárselo, conservar objetos significativos para la persona (fotos, objetos) y ser siempre los primeros en detenernos y calmarnos para no empeorar alguna situación que de por sí ya es difícil.

Presta atención a las señales de alerta, hay situaciones que NO DEBES TOLERAR

Claramente, hay que distinguir cuando esa conducta agresiva está rebasando la línea. Por ello, es importante poner atención a los límites que debe ponerse un cuidador y a qué actitudes debe prestar suma atención:

 

  • Acoso físico y verbal.
  • Humillaciones.
  • Violencia de género.
  • Agresiones físicas dentro y fuera del hogar.
  • Menores en riesgo de abuso.
  • Acciones que pongan en riesgo la vida.

En el caso de presentarse cualquiera de las situaciones antes mencionadas, se recomienda dar aviso inmediatamente a la familia y acudir a la Justicia, ayuda profesional externa u instituciones.

Estos deberán tomar cartas en el asunto para contener al paciente, pero también, resguardar la integridad física del cuidador y del núcleo primario del enfermo. 

 

Acciones y frases para personas agresivas

Recuerda que cada paciente es diferente y quizá no todas las estrategias sirvan a la primera. Tal vez se necesiten hacer pruebas hasta encontrar aquello que sea funcional para cada persona.

Situación: Conducta agresiva antes de dormir

Es vez de: Forzarlo a que se acueste.
Es mejor: Antes de dormir, realizar rutinas relacionadas con el descanso (ponerse el pijama, ambientar el lugar, una luz tenue, quizá poner música).

Lección a aprender: Anticiparse. Quizá al llegar la noche, la persona ya se siente cansada y eso le dispara la conducta agresiva. Al ir un paso adelante, puede evitarse un problema.

 

Situación: El paciente asegura haber perdido algún objeto personal

Es vez de: Decirle algo como “No es cierto” o “Acuérdate dónde lo dejaste”

Es mejor: Comentarle que lo has guardado para que esté más seguro.

Lección a aprender: Identifica aquellos objetos que el paciente aún recuerda y ubica (como el objeto perdido en cuestión) y tenlos a la mano para cuando los pida. Otra opción es guardarlo y que, cuando te diga que tal objeto está perdido, ayudarle a ‘buscarlo’ y finalmente ‘encontrarlo’. Puedes incluso planificar tus respuestas.

 

Situación: El paciente ofende a su cuidador y hasta puede pegarle

Es vez de: Reprocharle o responder a la agresión.

Es mejor: Responder con algo como “Está bien. Ya me voy” y salir por un momento o irse a otra habitación.

Lección a aprender: Dejar que se calme y regresar más tarde. Una conducta agresiva puede aparecer en cuestión de segundos… y también en ese mismo lapso del tiempo puede desaparecer. Lo importante es no contradecirlo ni confrontarlo. Tal vez al cabo de unos minutos ya ni siquiera recuerde la causa de la molestia y te hable como si nada pasara.

 

Situación: El paciente culpa a una persona en específico de estarle robando

Es vez de: Decirle algo como “No es cierto” o “Son figuraciones tuyas”.

Es mejor: Responderle con algo como “Qué bueno que me dices. Yo me encargaré”.

Lección a aprender: Recuerda que la lógica de tu paciente ahora es la del Alzheimer. Evita discutir o cuestionar sus puntos de vista.

 

Situación: En la vía pública, el paciente le grita a su cuidador por algo que le molesta

Es vez de: Gritarle más fuerte esperando que así se calle.

Es mejor: Decirle algo como “Tienes razón, a mí también me molesta. Mejor hagamos…”.

Lección a aprender: Redirigir la atención. Siempre hay que tener a la mano recursos que extinguen la conducta agresiva, que pueden ser desde caminar, cantar, bailar, mirar fotografías, interactuar con alguna mascota, ejercicios de estimulación cognitiva o algún tema del que al paciente le encante hablar.

 

Medicamentos para reducir la agresividad

La medicación está para retrasar el desarrollo de la enfermedad lo más posible, pero también para ayudar al paciente en su estado de ánimo.

Recuerda que muchas de las conductas agresivas de estos pacientes ocurren porque llegan a sentir cansancio, frustración, malestar, problemas para dormir o incluso depresión.

Por ejemplo, puede ser que la enfermedad les esté afectando zonas del cerebro relacionadas con la vista o el oído. Eso puede generar confusión en el paciente y provocarle alucinaciones.

Lo que debes saber sobre los medicamentos para personas con demencia

  • Informarte con el médico sobre cada medicamento, su función, dosis, si está disponible en forma líquida, si existe una versión genérica y si el paciente puede ingerirlo por sí solo o requiere de ayuda.
  • Estar consciente de que, por el momento, ninguno de estos medicamentos puede curar o detener la enfermedad.
  • Consultar con el especialista sobre los posibles efectos secundarios de la medicación y si los cuidadores pueden hacer algo al respecto.
  • Considerar que los medicamentos para tratar los problemas de comportamiento deben utilizarse sólo después de haber probado otras estrategias no farmacológicas.
  • Usar siempre la dosis más baja posible, dejar de administrar cierto medicamento si aparecen determinados efectos secundarios y recordar que ciertos fármacos pueden tomar algunas semanas en hacer efecto.

Para ayudar a los pacientes con Alzheimer a tratar aspectos relacionados con depresión, inquietud, ansiedad o conductas agresivas, los expertos mencionan lo siguiente:

  • Antidepresivos: Se utilizan para tratar la depresión y la ansiedad.
  • Ansiolíticos: Junto a las píldoras para dormir, anticonvulsivos y antipsicóticos, deben usarse con suma cautela, pues pueden generar somnolencia, mareos y confusión.

Las píldoras para dormir no se recomiendan en casos de Alzheimer, pues podrían generar mayor confusión en el paciente y aumentar el riesgo de alguna caída.

  • Anticonvulsivos: Suelen utilizarse para tratar la agresión severa, aunque sus efectos secundarios incluyen somnolencia, mareos, cambios de humor y confusión.
  • Antipsicóticos: Se usan para casos de paranoia, alucinaciones, agitación y agresión. Sin embargo, los efectos secundarios pueden ser graves e incluir el riesgo de muerte.
  • Anticolinérgicos: Para problemas del sueño, calambres de estómago, incontinencia, asma, mareos y espasmos musculares. Sin embargo, tampoco se recomiendan para estos pacientes, pues podría generar confusión (estos medicamentos incluyen ipratropio, dimenhidrinato y difenhidramina).

¿Qué puede servir para evitar ciertos medicamentos o acompañar el tratamiento?

  • Fisioterapia.
  • Musicoterapia.
  • Rutinas establecidas.
  • Mantener su lugar ordenado.
  • Ejercicio.
  • Comunicación.

Tus aliados ante una reacción agresiva

  • Médicos: La comunicación con los expertos es fundamental. Es vital compartirles los cambios que ha experimentado el paciente para evaluar si una medicación diferente puede ser de ayuda.
  • Seres queridos: Nadie trabaja solo. Todos necesitamos de todos. Si un anciano está teniendo una conducta que represente un riesgo, es importante contar con redes de apoyo para dar contención. Todo cuidador necesita tener sus propios espacios y bien puede capacitar a alguien que le apoye mientras se toma un merecido descanso.
  • Apoyo externo: Si el paciente está presentando una conducta agresiva que atenta contra su vida o la de otros, siempre hay que tener a la mano teléfonos de emergencia o de alguna persona que pueda intervenir.
  • Cuidadores profesionales: Existen personas entrenadas para cuidar diversos tipos de pacientes. Nunca sobra acercarse a ellos y dejarse asesorar.
  • Fundaciones y centros de asistencia: En diferentes países existen organizaciones especializadas en enfermedades como el Alzheimer. Incluso, varios de ellos cuentan con grupos especiales para cuidadores y familiares. Nada como rodearse de personas que saben lo que es cuidar a alguien así.
  • Psicólogos: Un profesional en la salud mental puede contribuir a dar contención a las personas que se hacen cargo de un paciente en estas condiciones y a canalizar sus emociones al respecto.
  • Tu propio amor y paciencia: La persona enferma podría tratarse de algún ser querido que durante mucho tiempo te dio su cariño y cuidado, y quizá eso pueda ser un motivo para continuar haciéndote cargo de ella. Lo que le está ocurriendo es algo que nadie desea atravesar, pero cuenta contigo para sobrellevarlo de la mejor manera.

La responsabilidad de cuidar a otro y de cuidarnos a nosotros mismos 

Cuidar a otro ser humano es un profundo acto de amor. Y precisamente por eso, existen maneras de que un paciente agresivo pueda disipar esa conducta. Lo importante es siempre ir un paso adelante.

Hacerse cargo de una persona agresiva es un reto de todos los días. Va mucho más allá de tenerle paciencia. Es saber qué responder y cómo, pero sobre todo, saber identificar en qué momento es preciso actuar.

Saber sobrellevarlo es el resultado de un trabajo en equipo que involucre a profesionales de la salud, medicamentos, seres queridos y especialistas en el tema.

Abraham Monterrosas Vigueras

Psicólogo clinico y periodista digital enfocado en temas de desarrollo humano, estilo de vida, tendencias y bienestar


Mónica Irene Altmayer

Excelente publicación de mucha enseñanza para el cuidador