+13055219440      info@theramart.com

Nicolás y Sofía forman un dúo inseparable. Él es un cineasta de 43 años y ella una perrita de asistencia, perfectamente entrenada. Esa unión maravillosa se dio gracias a Bocalán, una entidad sin ánimo de lucro que entrena perros para que se conviertan en la mano derecha de las personas que tienen discapacidades motrices o autismo.

Que el perro es el mejor amigo del hombre, no hay duda de ello. Sin embargo, también son animales extraordinariamente inteligentes. Son capaces de renunciar a su propia naturaleza para adaptarse a las normas de los humanos. Y lo hacen con amor y una lealtad conmovedora.

Nicolás Stupenengo se moviliza en una silla de ruedas desde hace más de 10 años. Vivía solo hasta que llegó Sofía. “Nico”, como le dicen, es un hombre que valora mucho la independencia. Por eso, a pesar de su limitación, ha hecho todo por ser cada vez más autónomo.

Por eso no tiene nada de raro que haya entrado en pánico cuando le dijeron que había sido seleccionado para tener un perro asistente. Sí, su nuevo compañero le ayudaría. Pero… ¿cómo lograría cuidarlo? ¿No se convertiría más bien en una carga? ¿Le ayudaría de verdad, o le generaría nuevos obstáculos? En Bocalán lo tranquilizaron. Todo saldría bien. Y así fue.

Un final de año que lo cambió todo

Nicolás Stupenengo nació en Buenos Aires, pero pasó su infancia y su juventud en Comodoro Rivadavia, en Chubut. Estudio teatro desde niño y luego se convirtió en actor profesional y en modelo. Luego se mudó a Buenos Aires y su representante lo involucró en un proyecto televisivo del Canal 13. Allí le dieron la oportunidad de hacer algo que él soñaba: ser asistente de dirección. Corría 2006.

El 28 de diciembre alquiló un auto junto con unos amigos y se fue a pasar el fin de año en Puerto Pirámides. Eran las 6 de la tarde del 31 de diciembre cuando él saltó al agua, desde una altura de 2 metros. Sintió un golpe seco. Logró tocar el fondo y salir a la superficie. El cuerpo le hormigueaba. Pidió ayuda porque no lograba bracear. Terminó en el Hospital Trelew y allí el médico se lo confirmó: tenía una fractura en la quinta y sexta vértebra cervical.

Después vino un internamiento de 6 meses en Fleni, donde llevó a cabo el proceso de rehabilitación. Luego volvió a su casa, a su vida. Tenía que comenzar de nuevo, esta vez con una limitación. Esto no le impidió seguir adelante.

Un amigo suyo le ayudó a conseguir un trabajo formal. Una vez hubo un evento especial allí, relacionado con los perros de asistencia. Le extendieron una invitación a Nico y él asistió con mucho entusiasmo. Después de una minuciosa selección Nicolás fue el elegido para tener a Sofía como compañera.

Fernanda López y Bocalán

Nico y Fernanda López se encontraron gracias a Bocalán. Ella había llegado a esa entidad por la vía más humana: su propia experiencia. Tenía un hermano que padecía limitaciones motrices y cognitivas, debido a un tumor cerebral. Ella le regaló un perro asistente para mejorar su calidad de vida. El hermanito falleció y entonces Fernanda descubrió que su misión no había terminado. Se formó como entrenadora de perros asistentes y, como todos en Bocalán, comenzó a trabajar como voluntaria, de forma completamente gratuita.

Ella, mejor que nadie, sabe que no es fácil construir esa amistad inquebrantable entre un perro y un usuario que lo necesita. Para que los dos se acoplen, primero hay que llevar a cabo un largo proceso que comienza cuando los cachorros abren los ojos. Allí se les selecciona. Después, pasan un año con una familia de socialización. Luego vienen seis meses de entrenamiento básico y otro tanto de entrenamiento especializado.

Más adelante viene el paso más delicado y también el más feliz: el acoplamiento. Todos los perros asistentes entran en contacto con todos los posibles usuarios de sus servicios. Esta fase termina cuando se forman las felices parejas. En el caso de Nico, fue Sofía quien lo eligió a él. Se le acercó, con esa mirada repleta de ternura, y ambos supieron que debían estar juntos para siempre.

Nicolás superó su miedo a las nuevas responsabilidades con su perrita. Dice que como perro ella es la mejor. Y como asistente también. Le ayuda a recoger objetos que se le caen, a abrir cajones, puertas y una multitud de pequeñas tareas que le facilitan la vida. Lo más importante es que Sofía lo acompaña. La vida de Nico es ahora más feliz.