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Lo que más llama la atención de Pahola es la claridad con la que se plantea sus metas y las va logrando, una a una.  Bajo una apariencia serena y suave se esconde una fuerza interior impresionante y una voluntad inclaudicable. Ella sabe lo que es caer en un abismo y también lo que es salir de él, paso a paso, día a día.

La rutina de Pahola es como la de cualquier mujer joven e independiente que lucha por ser mejor cada día. Actualmente trabaja en la Procuraduría de Derechos Humanos. Es una de las abogadas más respetadas, por su dedicación y su don de gentes. Su trabajo no es fácil: es oficial de denuncias. Esto no importa. Nada ha sido fácil para ella y por eso aprendió a no tenerle miedo a la dificultad.

Pahola se moviliza en silla de ruedas. Aunque no logró recuperar del todo el movimiento de sus manos, se las arregla muy bien. En realidad, se las arregla muy bien con todo. No por nada brilló en Polonia, en donde estuvo algunos días representando a Guatemala en Miss Wheelchair World, o Miss Mundo en silla de ruedas. Así es ella: versátil y sorpresiva.

Todo cambió una noche…

Pahola Solano tenía tan solo 17 años cuando su vida cambió para siempre. En aquel entonces, estaba en el último año de secretariado bilingüe en el colegio. Justamente era el día de la secretaria y ella se fue a celebrar con sus mejores amigas. Ya era tarde cuando el novio de una de sus compañeras se ofreció a llevarlas a sus casas.

Pahola iba en el lugar del copiloto y recuerda nítidamente algunos detalles específicos de aquella noche. Por ejemplo, tiene grabado en la memoria el momento en que sintió que el chico estaba conduciendo a excesiva velocidad. Casi presentía que algo malo iba a ocurrir. Por eso cerró los ojos, casi como diciendo “si voy a morir, no quiero ver cómo”.

Sucedió lo predecible. El automóvil volcó y, desgraciadamente, ella quedó atrapada. Nadie la veía y Pahola dejó de sentir su cuerpo. También empezó a sentir que no podía respirar. A su alrededor había mucha confusión. Llegaron a auxiliarlos y alguien comenzó a contar a los heridos. “Falta uno”, dijo. Sus amigas entonces cayeron en la cuenta. “¡Es Paho!, ¡Falta Paho!, ¡Paho no ha salido!” Ella quería gritar que ahí estaba, pero la voz no le salía.

Una sucesión de milagros

El caso de Pahola tiene muchos datos sobrecogedores. Uno de ellos es el hecho de que llegó viva al hospital, pero los médicos por negligencia la declararon muerta. La enviaron a la morgue. Un par de horas más tarde, su mamá llegó para reconocer el cuerpo. Lloraba y rezaba. Pahola abrió los ojos y fue entonces cuando se dieron cuenta de que aún estaba viva.

Sus padres la llevaron a un hospital privado y allí le hicieron una cirugía. El pronóstico era reservado. La estabilizaron, pero los médicos pensaban que solo iba a vivir unas 72 horas más. Ahí se produjo el segundo milagro, porque ella, contra todos los pronósticos, sobrevivió. Sin embargo, poco después recibió la visita de un médico que le dijo algo que ella nunca olvidaría: “Patoja, te arruinaste la vida. Lo que te sucedió es que te fracturaste la cervical . Te golpeaste la médula y automáticamente eso te dejó cuadripléjica”.

Básicamente le pronosticaban que nunca más podría levantarse de la cama. Pero Pahola se lleva bien con los milagros. Al principio pareció que iba a depender de los demás toda la vida. Pero luego, con las terapias, el esfuerzo diario y la voz de aliento de su familia, sus amigos y personas religiosas, todo comenzó a cambiar. La cigarra volvía a la vida.

Una nueva vida

En el año 2010 Pahola logró terminar la secundaria. Después entró a la Universidad San Carlos de Guatemala, en la facultad de ciencias jurídicas y sociales. Nunca pensó que iba a encontrar tanta solidaridad y cariño entre sus compañeros, pero así fue. Su tenacidad y el cariño de quienes la rodeaban, le ayudaron a llegar al final de su carrera. En 2016 se graduó como licenciada en ciencias jurídicas y sociales, abogada y notaria.

No tardó mucho tiempo en encontrar su trabajo en la Procuraduría. Por aquel entonces, ella quiso dar un testimonio de todo lo que había vivido. Hizo un video para contar quién era y qué había logrado. Quería inspirar a otras personas que estuvieran en dificultades. Lo que no esperaba es que gracias a ese video la contactaran desde Polonia y la invitaran a participar en Miss Wheelchair World.

Pahola logró ir a Polonia acompañada por su madre. Este no era un concurso de belleza, sino un escenario para abordar la discapacidad femenina desde otra perspectiva. Una experiencia hermosa, que seguramente Pahola guarda muy dentro de su corazón. Volvió a continuar con sus compromisos, con su vida. Sabe que todavía le queda mucho por hacer. También sabe que es capaz de lograr lo que se proponga.