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Yanive Tórres Martínez contiene las lágrimas cuando cuenta su historia. “Es de alegría”, dice, como para que nadie se forme una idea equivocada. “Todos mis sueños se han ido cumpliendo”, agrega esta colombiana que ya tiene un impresionante palmarés deportivo  y una asombrosa colección de medallas. Su especialidad es el lanzamiento de bala, disco y jabalina.

Los que conocen a Yanive la definen como una persona amable y llena de dulzura. En el campo deportivo se transforma. Compite con tenacidad. Sabe que no solo se trata de ganar, sino de superar sus propias marcas, de crecer en cada nuevo desafío.

La vida de Yanive ha estado llena de altibajos. No siempre ha sido tan fuerte y tan decidida. Ha pasado por varios momentos difíciles, pero como ella misma lo dice, también se ha atrevido a soñar. Y cada sueño se le ha hecho realidad.

La mañana en la que todo cambió

Yanive tenía 17 años, estaba en el colegio y era feliz en su pueblo natal, Puente Nacional (Santander, Colombia). Las gentes de estas tierras tienen fama de ser aguerridos, temperamentales y luchadores. En aquel tiempo, el futuro se veía despejado para esta chica que crecía despacio, en medio del amor de los suyos.

Una mañana despertó para ir a la escuela y se sintió muy débil. Tenía sed. Afuera había un frondoso árbol de naranjas y ella no lo dudó. Salió y se trepó para tomar uno de los frutos. Recuerda que subió por las ramas, que encontró la ansiada naranja. Después ya no recuerda más.

Despertó días después. Estaba en el hospital y no podía moverse. Allí supo que la debilidad se debía a que había contraído hepatitis A. Que se había caído del árbol y había sufrido una lesión en la columna. Que su motricidad estaba afectada. No quiso creer que su vida cambiaría para siempre. Estaba segura de que iba a salir caminando del hospital.

Un mes después le practicaron una cirugía. Antes de hacerlo, el médico le dijo algo que a ella le pareció crudo e irritante: “Esta cirugía no es para que camine, sino para que se pueda sentar”. Yanive seguía incrédula. No lograba aceptar que iba a estar atada a una silla de ruedas para siempre. El tiempo pasó y ella no lograba caminar. Vino un periodo muy oscuro.

Un largo proceso

Yanive entró en una fuerte depresión. No se resignaba a ver que muchas de sus ilusiones se habían visto truncadas. Pensaba que jamás podría formar una familia, que estaba condenada a depender de los demás. Sus padres le ayudaban en todo, no ahorraban esfuerzos. Pero ella no quería ser un lastre para nadie y comenzó a sentirse inútil. Perdió la esperanza.

La chica optó por encerrarse en su casa. A regañadientes aceptó terminar los dos años que le faltaban para obtener su diploma de secundaria. Se consagró a la lectura. Por sus manos pasaron muchos libros, entre ellos La Biblia. Una vez llegó a sus manos la historia de un joven discapacitado y esto le abrió un nuevo panorama. ¿Sería posible que lograra salir de su estado de postración?

Una de sus hermanas hizo los arreglos para que ella fuera a vivir a Bogotá. Los padres no querían, porque la tenían sobreprotegida. El viaje cambió la vida de Yanive. Primero, consiguió un trabajo. Después, aprendió a ser cada vez más autónoma, hasta que logró vivir sola.

Una nueva vida

Hay casualidades que ella no se explica todavía. Un día iba por la calle y se le acercó un joven para preguntarle si ella practicaba deportes. Respondió que no y él la invitó a que lo hiciera. Era entrenador y estaba dispuesto a apoyarla. A Yanive no le gustó mucho la idea. Un año después se encontró de nuevo con la misma persona. Esta vez, la chica aceptó.

Comenzó entonces un verdadero renacimiento para ella. El deporte le dio la oportunidad de llegar a donde jamás lo había imaginado. Comenzó a entrenar, con inmenso sacrificio. Los resultados se vieron muy pronto y eso la llenó de entusiasmo. La primera vez que participó en unos juegos paralímpicos fue en Londres 2012. Era una etapa de aprendizaje y su actuación fue discreta.

Luego vino el Campeonato Mundial de Lyon (Francia), en donde se destacó. Obtuvo el cuarto lugar en lanzamiento de jabalina, el sexto en bala y el séptimo en disco. Un año después vivió los momentos más bellos como deportista. Se quedó con las tres medallas de oro, de las tres modalidades de lanzamiento, en los Juegos Parasuramericanos de Santiago de Chile 2014.

Después, Yanive formó parte de la delegación colombiana que participó en los Juegos de Río 2016. Fue quinta en lanzamiento de bala y obtuvo un diploma olímpico. Estaba recién casada y fue condecorada en su país por la participación. Ahora es una mujer que está agradecida con la vida. Agradecida con el deporte. Es feliz y sabe que todo se puede lograr.